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miércoles, 20 de junio de 2007

Papeles para todos

Antes, cuando no existía la prensa gratuita, muchos viajeros del metro salíamos del coma de todas las mañanas, leyendo lo mal que iba el mundo sobre el hombro de un señor con bigote. Él, por joder, tenía la poca deferencia de pasar la página a traición, dejándonos a varios pares de ojos sin saber si el planeta desaparecía ese mismo día o lo iban a dejar para después del puente. Ahora, gracias a la irrupción de la prensa gratuita, todos nos podemos enterar sin hacer parada en el kiosco de que el mundo es y será una porquería, que cantaba Gardel. Antes, sin diario gratuito que echarse a la vista, viajar en metro era otra cosa, anestesiado por las fragancias de alerones poco aseados y consolado con el escote de la morenaza que se bajaba justo una estación antes que yo. Era el mundo onírico de los pobres a las siete y media de la mañana, y hasta eso nos han quitado.

¿Pero es que no hay más que desgracias para contar? ¿Por qué lo hacen? ¿Para consolarnos de que nuestra vida es una vulgar cagarruta comparada con el Tercer Mundo? Lo peor es que se están acortando las distancias con ese mundo al que sólo miramos en las campañas del Domund. Y no porque esté mejorando, sino porque nosotros, los del primero, vamos camino del sótano. Hoy, sin ir más lejos, me han vuelto a recordar que vivo en un país de cementeros de oro, pues hace pocos años el metro cuadrado costaba bastante menos de la mitad que ahora, toma ya. ¿Y los salarios?: equiparables a los de 1997.

La penúltima ocurrencia del gobierno revolucionario que preside Pazatero el antifranquista, consiste en que si los sindicatos tragan, que tragarán, te van a poder pegar una patada en el culo sin tener que comprarles la herradura. Es todo un detalle. Y todo esto sucede con un gobierno socialista, de izquierdas y progresista. También tranquiliza saber que parte del dinero de las pensiones se va a jugar en la bolsa. Así, si el sistema público de pensiones se va al garete, podremos culpar a los yanquis y su Dow Jones. Qué más da que hoy mismo te puedan poner en la puta calle por cuatro duros, que tus deudas crezcan y se multipliquen, o que dentro de poco España se convierta en la Colombia europea. Lo importante es que los homosexuales se puedan casar, que las tropas no estén en Irak y que desenterremos a los muertos de la guerra civil para ganarla setenta años después. Y como queda algo de oxígeno al fondo a la izquierda, demos también papeles para todos. El día menos pensado leeremos en la prensa gratuita que sólo lo hacen para fomentar la lectura.