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jueves, 15 de noviembre de 2007

Por el humo se sabe...

El pasado domingo, muchos miles de madrileños se despidieron de familiares y amigos a quienes estuvieron gorroneando durante tres días maravillosos. Sus impecables anfitriones, hasta el mismo momento de la emotiva partida, se afanaron en llenar de provisiones el maletero del monovolumen y de chismorreos el viaje de regreso. Así, entre chorizos culares y embarazos no deseados, no hay duda de que hicieron la caravana mucho más amena a la marabunta castiza, la cual siempre ha tenido querencia a tirarse a las autovías, especialmente cuando las Almudenas, solas, celebran su santo un viernes. Eso sí, como penitencia por haberse saltado la procesión de su patrona, el sufrido dominguero madrileño sabe que le espera otra laica a las puertas de su ciudad. Con lo bonitas que le quedan a Rouco.

Cuando el atasco se va diluyendo, bien por agotamiento, bien por la inercia que permite que las cosas acaben funcionando, comenzamos a divisar el cielo ceniciento de Madrid. El nuevo skyline de la capital, que dirían los cursis, se caracteriza ahora por cuatro torres que, incluso en domingo, apenas se pueden distinguir. Sólo desde la distancia podemos contemplar en todo su esplendor esa grandiosa franja de polución que nos separa de las nubes. Quizá ésta sea la viva imagen del purgatorio para unas ánimas que viven diariamente zarandeadas en el metro, el autobús, la oficina, el supermercado y hasta en misa para ser el primero en llevarse una hostia a la boca. A veces me pregunto si el humo que respiramos procede sólo de los motores de los coches y de las calefacciones, o también de nuestros explotados cuerpos.

Para evitarnos más quebraderos de cabeza, que bastante tenemos ya con haber sobrevivido a otro puente, hemos sabido que nuestro filantrópico alcalde nos oculta la verdad sobre la calidad del aire que respiramos. Paradójicamente, a los pocos días de conocerse esta noticia, se le ha llenado su flamante chamizo de ratas. Quizá no exista mejor alegoría para lo que suele ocurrir cuando se soterra la mierda bajo alfombras que no vuelan, pues Madrid no es el lejano Oriente ni Gallardón es Aladino. Como mucho un flautista aficionado, al que en pleno éxtasis musical han interrumpido las inoportunas ratas, justo cuando estaba aplaudiéndose a sí mismo en su despacho imperial. Sus sufridos contribuyentes, mientras, intentaremos seguir sobreviviendo con el consuelo de que, por el santo de las Conchas, podremos volver a fugarnos a un sitio con mejor bienvenida. Aquí nos esperan un Madrid envenenado, los madrileños echando humo, y Gallardón persiguiendo a escobazos por su nuevo Alcázar a las ratas que, como nuestra polución, tampoco se van de puente.

jueves, 19 de abril de 2007

El manifestódromo nacional

Cuando los grises, manifestarse era otra cosa. Ya te podías andar con ojo para que no te lo saltaran de un porrazo mal dado, o bien dado, según se mire. Quién no recuerda las carreras de los estudiantes delante de las porras como una de las fotografías más simbólicas de los últimos estertores del franquismo. Cuántas sobremesas españolas habrán sido amenizadas con dichas carreras. Lo más curioso es que cada narración siempre era distinta de la anteriores. Y es que era costumbre aprovechar la copita de anís para añadir literatura y épica a tan febriles relatos. Hasta tal punto que ya no sabías si te estaban contando una huelga estudiantil o el sitio de Zaragoza.

Sin embargo, como ahora son legales, los españoles le hemos cogido el gusto a las manifestaciones y ya no hay mejor plan para el fin de semana. Ni más barato, pues entre el mileurismo y el euribor anda la cosa muy achuchada. Actualmente ya no se carga el coche con tres maletas, cuatro bolsas, el perro y la suegra, para pasar el fin de semana en el pueblo. Eso es algo desfasado. En el 2007 lo que se estila es irse de manifa. Como a los nacionales nos gusta la calle, por algo somos el país que más jarana y cachondeo exporta allende nuestras fronteras, qué mejor forma de tomarla que con pancartas, pitos, banderas, megáfonos y eslóganes que sonrojarían a Leonardo Dantés. Desde que Carlinhos Brown estuvo en Madrid, hasta las dos Españas han salido a la calle a desenterrar muertos y enterrar la transición.

De todas formas, no sé si te habrás fijado en que existen dos tipos de manifestaciones: las que cuentan con una presencia de manifestantes muy superior a la de policías, y aquéllas en que la proporción de policías llega a estar por encima de la de manifestantes. Las primeras suelen ser las organizadas por el PP o el PSOE. Como son tan multitudinarias resultaría imposible igualar con policías el número de manifestantes, máxime porque tras el juicio del 11-M unos cuantos tendrían que entrar en la trena para quedarse. Luego están las segundas, que suelen estar organizadas por asociaciones que nada tienen que ver con el poder político. Manifestaciones antisistema de pepitos grillos que nos alertan de los problemas reales motivados por la corrupción del Estado. Antes de comenzar cualquiera de estas marchas, un rebaño de lecheras toma el corto recorrido de la manifestación, porras en mano, por si acaso algún melenudo se me quiere pasar de listo. Viva la democracia.

Sin ir más lejos, esta mañana el Sindicato de Estudiantes ha organizado una en Madrid. Eran unos pocos cientos, para decenas de lecheras repartidas por el recorrido de la manifestación. El motivo de la misma: el Decreto de convivencia en las escuelas. Al parecer la Administración pretende, otro cantar es que lo logre, que haya un cierto orden en las aulas. Más que nada para que los profesores no tengan que acudir con escolta a enseñar sistemas de ecuaciones, mientras un alumno cariñoso les llama fachas de mierda. Por si fuera poco, Greenpeace convoca otra para el próximo sábado contra el cambio climático, en la que se invita a los manifestantes a llevar un lazo verde en la solapa. O sea, para cada manifestación, un lazo. Si algún empresario textil me está leyendo, le propongo la confección de un “traje de manifestación”. Podría ser cualquier vestimenta que incluyera los lazos de todos los colores reivindicativos, y así no nos haríamos un lío con el que toca para hoy.

Y por si se te queda corto el programa de fiestas, no te preocupes, que para eso estamos. El próximo sábado, también en Madrid, tienes otras dos manifestaciones por el precio de una. El motivo: protestar contra el plan de autonomía de Marruecos para el Sáhara occidental. Así que si te tira más el sur, no te las puedes perder. Creo que convendrás conmigo que las manifestaciones han perdido el romanticismo y la utopía de antaño. Que ahora exista una agenda de manifestaciones, como si fuese la revista TP, con contraprogramaciones de última hora y todo, las desvirtúa en buena medida. En cualquier caso las porras de alta definición siguen sabiendo como las de blanco y negro. Y si no me crees, atrévete a protestar contra los gravísimos problemas sociales causados por los irresponsables que nos desgobiernan.