Anoche, escuché en la radio que los sordomudos catalanes tienen un lenguaje de signos propio, que difiere notablemente del que emplean el resto de sordomudos españoles. Tener una minusvalía es un contratiempo serio, y se supone que desde las Administraciones Públicas tendrían que legislar para apoyarles. Pero me temo que los políticos catalanes no están por la labor, todo sea por una futura Cataluña grande, libre y expoliada, qué tiempos los de la Banca Catalana de Jordi Pujol. Si bien es cierto que no existe un lenguaje universal para los sordomudos, me parece el colmo de los despropósitos que se les haga semejante putada a los que son catalanes. Que en la era de internet, de las telecomunicaciones, en fin, de la comunicación a granel, unos paletos mesiánicos del dinero estén incomunicando a su tribu, especialmente a los sordomudos, me parece preocupante. ¿Hay algún psiquiatra en la sala?
Montilla, Mas o Carod no son más que aves de rapiña que esquilman a los catalanes, arañando también lo que pueden al resto del Estado, la pela es la pela. Con tal de recibir miles de millones de euros para inversiones públicas, estos sujetos son capaces de jurar por su madre que han nacido en Valladolid. Que somos nacionalistas pero no idiotas, y no me vuelva a mentar el Carmel. Por eso, cuando recibimos alguna crítica personal, la revertimos malintencionadamente, diciendo que son ataques contra Cataluña. O sea, que si alguien, no yo, líbreme Dios, se atreve a llamar iletrado a Montilla, se lo está llamando a todos los catalanes, aunque tengan algo más que el bachiller de su presidente cordobés.
Me viene ahora a mi alopécica memoria un día que Clinton fue recibido a huevazo limpio. Que yo recuerde no dijo que esos huevos se los habían tirado a todos los norteamericanos. Si lo hubiese dicho, no me hubiese gustado estar en el lugar de las pobres gallinas ponedoras, haciendo horas extras para escalfar a tanta gente, cómo no les iba a dar la gripe aviar. Yo creo que puestos a probar la puntería con los políticos, siempre será mejor el método tradicional con que se calibraban los niños de cuando entonces. Políticos que llegan a cometer la delirante osadía de doblar a Cantinflas al catalán, lo juro. Si llega a existir Íker Jiménez cuando vi esa película mexicana en la TV3, le hubiese llamado. Pensaba que estaba frente a un fenómeno paranormal. Y en cierto modo lo era, porque sólo para anormales se puede doblar a ese cómico. Doblar a Cantinflas al catalán es una censura sólo comparable a haber vestido de monja a Sofía Loren cuando estaba para mojar pan y lo otro.
Pero bien pensado qué más les da, si ellos no se ríen nunca. Para ser político hay que ser serio, como si la seriedad tuviese algo que ver con el sentido del humor. Son tan necios que no entienden que doblar a Cantinflas es mutilar el humor, la única herramienta exclusivamente humana que nos permite elevarnos sobre el drama de la vida. Esa herramienta y lo otro, cuyo cine también lo están doblando al catalán, son las únicas cosas que merecen la pena. Aunque ellos añadirían también su butifarra: el único embutido del mundo que figura en el lenguaje universal de los signos.
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jueves, 21 de junio de 2007
La butifarra de Cantinflas
Escrito por
Fernando Solera
en
8:42:00 p. m.
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Etiquetas: cataluña, doblaje, lenguaje de signos, sordomudos
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