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jueves, 21 de junio de 2007

La butifarra de Cantinflas

Anoche, escuché en la radio que los sordomudos catalanes tienen un lenguaje de signos propio, que difiere notablemente del que emplean el resto de sordomudos españoles. Tener una minusvalía es un contratiempo serio, y se supone que desde las Administraciones Públicas tendrían que legislar para apoyarles. Pero me temo que los políticos catalanes no están por la labor, todo sea por una futura Cataluña grande, libre y expoliada, qué tiempos los de la Banca Catalana de Jordi Pujol. Si bien es cierto que no existe un lenguaje universal para los sordomudos, me parece el colmo de los despropósitos que se les haga semejante putada a los que son catalanes. Que en la era de internet, de las telecomunicaciones, en fin, de la comunicación a granel, unos paletos mesiánicos del dinero estén incomunicando a su tribu, especialmente a los sordomudos, me parece preocupante. ¿Hay algún psiquiatra en la sala?

Montilla, Mas o Carod no son más que aves de rapiña que esquilman a los catalanes, arañando también lo que pueden al resto del Estado, la pela es la pela. Con tal de recibir miles de millones de euros para inversiones públicas, estos sujetos son capaces de jurar por su madre que han nacido en Valladolid. Que somos nacionalistas pero no idiotas, y no me vuelva a mentar el Carmel. Por eso, cuando recibimos alguna crítica personal, la revertimos malintencionadamente, diciendo que son ataques contra Cataluña. O sea, que si alguien, no yo, líbreme Dios, se atreve a llamar iletrado a Montilla, se lo está llamando a todos los catalanes, aunque tengan algo más que el bachiller de su presidente cordobés.

Me viene ahora a mi alopécica memoria un día que Clinton fue recibido a huevazo limpio. Que yo recuerde no dijo que esos huevos se los habían tirado a todos los norteamericanos. Si lo hubiese dicho, no me hubiese gustado estar en el lugar de las pobres gallinas ponedoras, haciendo horas extras para escalfar a tanta gente, cómo no les iba a dar la gripe aviar. Yo creo que puestos a probar la puntería con los políticos, siempre será mejor el método tradicional con que se calibraban los niños de cuando entonces. Políticos que llegan a cometer la delirante osadía de doblar a Cantinflas al catalán, lo juro. Si llega a existir Íker Jiménez cuando vi esa película mexicana en la TV3, le hubiese llamado. Pensaba que estaba frente a un fenómeno paranormal. Y en cierto modo lo era, porque sólo para anormales se puede doblar a ese cómico. Doblar a Cantinflas al catalán es una censura sólo comparable a haber vestido de monja a Sofía Loren cuando estaba para mojar pan y lo otro.

Pero bien pensado qué más les da, si ellos no se ríen nunca. Para ser político hay que ser serio, como si la seriedad tuviese algo que ver con el sentido del humor. Son tan necios que no entienden que doblar a Cantinflas es mutilar el humor, la única herramienta exclusivamente humana que nos permite elevarnos sobre el drama de la vida. Esa herramienta y lo otro, cuyo cine también lo están doblando al catalán, son las únicas cosas que merecen la pena. Aunque ellos añadirían también su butifarra: el único embutido del mundo que figura en el lenguaje universal de los signos.

lunes, 18 de junio de 2007

El ruedo catalán

Ayer, la mera presencia de un torero que regresaba a los ruedos tras cinco años, provocó dos llenos: uno, el de la monumental de Barcelona tras más de veinte años; el otro, el de los aledaños de la plaza entre manifestantes y su inseparable policía. Y es que taurinos y antitaurinos se dieron cita para mayor promoción de esa corrida de toros. Corrida en la que, por cierto, José Tomás se llevó tres orejas y abrió la puerta grande. Lo digo por si queda alguien que todavía no se haya enterado, que lo dudo.

Pero lo relevante para un detractor de las corridas de toros como yo, es la politización del movimiento antitaurino en Cataluña. Para mí está fuera de toda duda que la tauromaquia es un espectáculo de inigualable vileza, pues consiste en la vejación de un animal hasta darle muerte, por mucha plasticidad que tenga para sus incondicionales. Pero no es menos cierto que desde que gobierna el tripartito progresista PSC-ERC-IC, los amantes del arte de cuchares son tratados como apestados. Hasta tal punto llega el delirio nacionalista, que pretendieron prohibir, infructuosamente, los souvenirs de toros en las tiendas de Las Ramblas. No vaya a ser que los señores guiris se piensen que somos españoles.

Hoy en Cataluña están de moda Ferrán Adrià y perseguir lo español. Empezaron por el propio idioma, y ahora van a acabar con las corridas de toros. Y hablo de perseguir, porque no se puede calificar de otra forma, tras ver que los espectadores de la corrida de ayer tuvieron que acceder a la plaza gracias a un cordón policial. Desde Madrid, más conocida como la capital del estado español, se intuye sin embargo que buena parte de la sociedad catalana está muy desencantada con su casta política. Basta ver la altísima abstención de su electorado. Pero existe otro porcentaje nada desdeñable de fanáticos, azuzados por mesías liberadores de la oprimida patria catalana. Y ojo, porque estos sujetos ya tienen mucho peligro, mucho más que cien corridas de toros. Son energúmenos que persiguen al español en las aulas, al PP y a Ciudadanos de Cataluña en campaña electoral, y ahora a quienes se declaran taurinos. ¿Cómo pueden tener luego la cara de defender los derechos de los animales, los mismos que persiguen a quienes no piensan como ellos?

En fin, que se empezó por el idioma, el español, multando incluso a quienes osasen rotular sus comercios en tan abyecta lengua, y como por fin lo están exterminando, ahora le toca el turno a las corridas de toros. Y cuando los taurinos acaben renunciando a su derecho a asistir a una corrida, por temor a ser marcados verbalmente o a pedradas, puede que le toque el turno al jamón. ¿Serán capaces, por simple delirio nacionalista, de sustituirlo por el de york en su tradicional pan con tomate? Todo puede ser, pues para su desgracia ayer además ganó la liga el Madrid de Capello quien, por cierto, estaría encantado de llevarse todos los jamones a Italia.

jueves, 12 de abril de 2007

La infancia tripartita

Dice Boadella que hasta hace no muchos años, daba gusto ser catalán. Allá por donde iban eran recibidos entre aplausos, vítores y aplausos. Hasta tal punto que si se dejaban querer un poco les invitaban a comer, sacándolos a hombros en la sobremesa con un habano en los labios y otro en el bolsillo. Eran los tiempos del tardofranquismo, con Serrat, Raimon y Llach. Cataluña era vista desde el resto de España con admiración, siendo considerada la vanguardia de un país triste, pobre y tímido de libertades. Cataluña era Tarradellas y su balcón de la Plaza de Sant Jaume. Pero desgraciadamente también ha sido la pujolista Banca Catalana, el Carmel y el 3%. Por eso, el hecho de que el equipo benjamín del Barça se haya negado a escuchar el himno nacional junto a los chavalines del Valencia y el trío arbitral, no deja de ser una simple anécdota. El problema es que muchas veces los pequeños detalles son más ilustrativos de lo que aparentan.

Esos niños pasaron la noche anterior en vela pensando en que al día siguiente iban a jugar la final de un Mundial, en lo orgullosos que iban a estar sus padres, en lo que iban a fardar en el colegio, y también en que si metían un gol se lo dedicarían al abuelo que murió el mes pasado. Sueños infantiles disfrazados de Drogba, Villa o Ronaldinho. Para himnos estaban ellos. Todos esos niños, como otros miles de infantiles en toda España, llegan muchas noches a casa con el barro hasta las rodillas. Derrengados, pero felices. Cada madre espera al suyo con un ColaCao bien caliente. Ella, secretamente, sueña con protagonizar un día el anuncio con su niño, como la mamá de Pedrosa. Y el padre, como loco, espera que algún club de los grandes le adelante el primero de los muchos millones de euros que vale su chaval.

Ambos, padre y madre, se aprietan el cinturón lo que haga falta, todo sea por la felicidad de su retoño y la riqueza de la familia. Pero, desgraciadamente, más del 90% de esos niños se queda en el camino. De todas formas, ya nadie les podrá robar la ilusión de haber ganado el Mundial de su categoría, cosa que no ha logrado ni el sobrevalorado Raúl. Los adultos, para variar, no podía dejar de intervenir para poner el desafortunado contrapunto. Una fiesta que era de los niños y sólo de ellos, ha sido mancillada por la mano adulta. Como en aquella película de Fellini en que los niños jugaban con una puta. Reían, corrían, disfrutaban divirtiéndose con ella. Todo era muy hermoso, hasta que un adulto les reprendió por hacerlo, fulminando la magia del momento.

Es indiferente quién o quiénes hayan dado la orden a los chavales del Barça de no salir al campo cuando sonaba el himno nacional. Sólo sé que un momento bello, pues el deporte en esas categorías siempre lo es, ha quedado ensombrecido por unos paletos. Gracias a ellos hoy ya nadie se acordaba de felicitar a los niños que han ganado el Mundialito. Las portadas están dedicadas al uso torticero que unos adultos han hecho de uno de los días más felices de sus vidas.

A vosotros, niños culés, la más sincera enhorabuena de un aficionado de lo que queda del Madrid. Seguid disfrutando del fútbol y luchad por ser felices dentro y fuera del campo. Y a esos manipuladores infantiles, educadores del fanatismo y del odio, mi más absoluto desprecio. Poneos el despertador y sabed que vivimos en una aldea global sin himno, ni falta que hace, y que gracias a ella, por ejemplo, cualquier ciudadano del mundo puede leer este artículo y las opiniones de sus lectores, como saber de la gesta de esos niños campeones del mundo y el provincianismo de campanario de pueblo de sus irresponsables deportivos.