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lunes, 23 de julio de 2007

Todos somos Alcántara

Supongo que ahora Imanol Arias y su familia televisiva estarán descansando antes de comenzar el rodaje de la nueva temporada de Cuéntame. El hombre que interpreta al cabeza de familia de los Alcántara probablemente esté en estos momentos remojando su enjuto cuerpo cerca de un Gibraltar que sigue, como entonces, sin ser español. Nuestro país ha cambiado en muchos aspectos desde aquellos sesenta/setenta que refleja la serie de TVE, es cierto, pero en otros estamos regresando al pasado. En Madrid hace décadas que no podemos leer su diario homónimo, pero contamos con varios periódicos gratuitos. Uno de ellos, 20 minutos, nos acaba de contar que este verano más del 55% de los españoles se queda sin vacaciones.

El motivo no es un irrefrenable amor a su tierra, cual Nino Bravo o Gloria Estefan, sino una falta de liquidez preocupante, sobre todo para los millones de ciudadanos que la padecen. O dicho de otra manera, que se acabó lo de vivir como ricos tirando de crédito. Ha venido el tío Paco con las rebajas, y los que se quedan en las grandes ciudades no se atreven ni a pasar a refrigerarse por las de El Corte Inglés, ya se puede poner Luis Varela como quiera. Tras la última revisión de su hipoteca muchos españolitos, otrora alegres y ufanos compradores de un pisito, han comprendido por fin lo que es el euribor. Se podría definir como un valor que cuando está bajo es muy saludable, pero que si sube demasiado te puede quitar la vida. Como la tensión arterial, aunque para mejorarte del euribor no baste con suprimir la sal de las comidas.

Para acabar saliendo a flote y que la marea no se nos lleve por delante, habrá que suprimir también algunos de los lujos que hemos incorporado a nuestras vidas en este último lustro de nuevos ricos. Nos compraremos un móvil nuevo cuando se haya roto el antiguo y no cada seis meses para competir con nuestro cuñado, nos compraremos coches de segunda mano cuando el nuestro esté para el desguace y no todoterrenos de primera, saldremos menos los fines de semana, y no nos iremos de vacaciones al sexto pino para dar envidia en la oficina. Esto último ya es una realidad, como asegura el citado informe del CIS. Yo mismo acabo de pasar una semana en El Tiemblo (Ávila), y tengo claro que el año pasado por estas mismas fechas allí había bastantes más veraneantes.

Puede que no sea tan mala esta nueva/antigua coyuntura. A lo mejor las desestructuradas familias actuales vuelven a quererse si comen juntos una tortilla con hormigas debajo de una higuera, para tras hacer la digestión bañarse en el pantano, como lo hicieron nuestros padres y abuelos. Eran más pobres pero probablemente también más felices, porque no les habían creado artificialmente tantas necesidades. Así que deja de preocuparte por ir a la última, pues como además las modas vuelven periódicamente, es posible que puedas salir del paso con las antiguas prendas que guardas en un rincón perdido con olor a naftalina. Ten claro que la felicidad que te anuncian por la tele no existe, como tampoco la cacareada libertad de expresión. Como entonces.

jueves, 17 de mayo de 2007

Marina d'or

Aunque algún lector me considere una de las Casandras oficiales del ciberespacio, no puedo evitar dar la voz de alarma ante la que se nos viene encima. Va a ser toda una tragedia nacional cuando en nuestras mesas mediterráneas mesas tengamos que sustituir las lentejas, el cocido o la paella, por ladrillos con patatas o guarnición, a elegir. Que vayan preparando en las farmacias buenas remesas de Almax, que no van a sobrar. Los especuladores están siendo los nuevos alquimistas del neoliberalismo del siglo XXI. Igual que los alquimistas convertían vulgares metales en oro, los Poceros han convertido los ladrillos en oro. El problema es que la fiesta inmobiliaria está llegando a su fin, y sólo quedan unos pocos borrachos bailando amartelados Sabor a mí. En cambio, los niños de papá hace tiempo que se marcharon con el descapotable y la rubia que lleva de serie. Hasta Julio Iglesias se ha marchado con la música a otra parte.

Millones de familias, especialmente jóvenes, han caído en una trampa de elefantes, y todo, mamá, porque el señor del banco no nos explicó bien el significado de la palabra euribor. Porque dicho vocablo, amigos cipotecados, no es el nombre de un efímero grupo participante en el psicodélico carnaval en que se ha convertido Eurovisión. El euribor es el interés que se utiliza como referente para las hipotecas de los europeos y por ende de los españoles. Y es que dicen que también somos Europa, como Israel en el festival. Pues por culpa del dichoso euribor ya contamos con destacadas opiniones, alarmistas para algunos, para mí realistas, anunciando que antes de que acabe esta década España puede estar fuera del euro y volver a la peseta, o lo que sea. ¿Cómo vamos a pagar entonces el apartamento de Marina d’or?

El país de las maravillas en que se baña la bailarina pasiva Anne Igartiburu, es el sublime paradigma de un país de grúas, maletines, ladrillos y caciques. El monstruo megalómano y cutre que han levantado en Oropesa del Hormigón, perdón, del mar, es la apoteosis de lo que ha sido la década en que la codicia urbanística del ser humano ha alcanzado sus cotas más altas, también en plantas edificadas. Cientos de miles de viviendas apelotonadas frente a un mar que, como nos contó Montserrat Domínguez el pasado martes en su reportaje sobre el cambio climático en España, puede acabar de un plumazo con las segundas residencias de millones de familias. En muy poco tiempo pueden pasar del paraíso artificial al infierno real, mucho peor que el de Dante.

Como sigamos así, no va a quedar ni un erial para el toro de Osborne, con lo que se tendrá que ir a lucir testículos y cornamenta a otra parte. Porque digo yo que en un sitio con tanta clase y glamour como el que nos anuncia la rubia presentadora, no permitirán que paste el pobre animal, aunque se ofreciese como una atracción turística más. Pero qué más da destrozar la costa, la flora y la fauna mientras podamos estar orgullosos de ser, además de como ya os dije el prostíbulo de Europa, el país con mayor tasa de viviendas por familia del mundo. Ya llegará el político de turno para decirnos que haber amurallado la costa es una gran idea. Le faltará tiempo para decir que se ha hecho con el objetivo de evitar que entren más inmigrantes por el mar a remover nuestras conciencias de nuevos ricos. Pero los pobres españolitos que han sido engañados con treinta años y un día de hipoteca, tampoco van a poder salir de su acuática ratonera, ni siquiera en cayuco. Tela marinera.