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viernes, 25 de mayo de 2007

Jornada de reflexión

Dentro de un rato habrá terminado la campaña electoral de la ETA y la Operación Malaya. Aunque, en realidad, el próximo domingo 27 de mayo estamos convocados a acudir a las urnas para elegir al alcalde y, en casi todas las comunidades autónomas, al presidente regional. Una campaña en que los distintos partidos políticos han apurado hasta la última función del Photoshop para maquear a sus representantes y así poder engañar más por el ojo a los votantes. Todos ellos parecen salidos de Cambio radical. Ellas, con sonrisas profidén y menos patas de gallo. Ellos, con más pelo pero menos canoso. Tienen el mismo aspecto que cuando se presentaron por primera vez, hace ya tantos años.

Si uno repasa, por ejemplo, la lista de 350 diputados que había en el Congreso hace una década, y la compara con la actual, observa que la gran mayoría de ellos continúan allí, encajados al escaño, hasta que la muerte los separe. De estos supervivientes dicen en sus partidos que son animales políticos, de pura raza, apasionados representantes de sus circunscripciones electorales. Otros, en cambio, pensamos que sólo lo dicen para justificarlos de cara al pueblo. En verdad saben que sólo son estómagos agradecidos que están ahí más que nada para hacer bulto, y porque quizá saben demasiado y no interesa cabrearlos, no sea que luego nos vaya a salir una Cristina Alberdi, que ha pasado de cantar La internacional a ensalzar al PP. Eso sí que es una transición, y no la de Suárez.

Por otra parte, en mis admirados Ciudadanos de Cataluña han colado de rondón entre sus listas a antiguos miembros de CiU. Mal empezamos. Me repungan todos estos profesionales de la política, que se meten en la cosa pública con vocación funcionaria. Pocos políticos ha habido como Manuel Pimentel, un ministro de trabajo que conjugó la primera persona del singular del presente de indicativo del verbo dimitir. Dio con la puerta en las narices a Aznarín, y se despidió de la patronal y los sindicatos acudiendo a sus sedes en taxi, cuando todavía tenía derecho a coche oficial. Un caso excepcional, sin duda, porque además ahora se dedica a trabajar. Y es que en España sólo se abandona la ubre pública y el coche oficial por causa de cese o muerte, para ellos casi lo mismo.

Como comprenderéis, después de semejante retahíla de lindezas dedicadas a nuestra casta política, el próximo domingo no voy a votar. Es mi modo de manifestar que esta partitocracia me parece una mierda, y que el sistema de listas cerradas es una estafa, llena de gente apolillada a la que hay colocar en algún sitio sin que hagan ruido. Cuando ya resulta imposible mantenerlos de diputados, pues son muchos en lista de espera babeando, como perros de Pavlov, por sentarse cerca de la tribuna de Tejero y cruzarse en los pasillos a Zapatero o Rajoy, se les manda a un parlamento regional o a un ayuntamiento, y vuelta a empezar. Yo por mi parte, como ya he cumplido con mi deber cívico de reflexionar, mañana dedicaré la jornada a celebrar el cumpleaños de mi mujer, por la que renuevo mis votos cada mañana.