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viernes, 23 de noviembre de 2007

Luz

Cuentan los eruditos del séptimo arte, que cuando Gene Kelly interpretó en Cantando bajo la lluvia uno de los números musicales más célebres nunca filmados, lo hizo con cuarenta de fiebre. Además de valorar que el hombre no lo hizo nada mal, deberíamos de constatar que fue el sí de la chica que le ponía pastueño, lo que le provocó semejante estado de euforia. Son precisamente esa clase de emociones las que logran que nos sintamos vivos. Aquéllas con que nos desaparecen, repentinamente, las artritis, las jaquecas, y hasta las jodidas almorranas. Son ocasiones en que te sientes tan feliz, que hasta te atreverías a emular a Fred Astaire, a Ginger Rogers o, ya venido muy arriba, a la mismísima Esther Williams en Escuela de sirenas. Pero lamentablemente son momentos muy efímeros, porque enseguida vuelves a sentirte culpable por lo que no hiciste, y a preocuparte por lo que puedas hacer.

Supongo que Luz también habrá experimentado en su vida esos instantes en que uno cree que fue feliz, interrumpidos siempre prematuramente por una llamada inoportuna o por la factura con la reunificación de deudas. Hasta que llega un día de tantos y te dicen, “Oiga, mire, que tiene usted la larga enfermedad”. Entonces se paran todos los relojes, hasta los suizos. Y cuando el paciente ha pasado las diversas etapas anímicas tan estudiadas en los tochos de psiquiatría, sólo le queda una: vivir. No piensa si realmente la enfermedad será larga o corta. Sólo piensa en vivir. Y vivir es vivir el presente, pues el pasado ya pasó y el futuro quién sabe. La vida es hoy, es ahora. Luz lo ha querido dejar muy claro en su nuevo disco, con el título del primer sencillo que ya suena en todas las radios: Sé feliz.

Pasamos la vida en trabajos que aborrecemos, aguantando a gente que no vale ni para tomar por #!!@&, etc., etc., postergando para mañana lo que nos gustaría hacer hoy. Pero el mañana nunca llega. Y aunque los libros de sabiduría nos aseguren que sólo hay dos formas de crecer espiritualmente, el entendimiento y el sufrimiento, raro es el caso de quien despierta de la primera manera y no de la segunda. Probablemente por ello Luz nos exhorta ahora a que seamos felices, abandonando nuestra vida tóxica. Quizá, el secreto de vivir no consista más que en sentir esas emociones que nos acercan a lo que llaman felicidad. En que saques a la pista de una puñetera vez a la vida, y así, amarraditos los dos, por fin podáis bailar a la luz de la música de tus sueños, aunque tú no seas Gene Kelly ni Hollywood la España de Zapatero. Pero está en ello.

jueves, 25 de octubre de 2007

Desmantelando la Sanidad Pública

La Voz de Galicia ha publicado una indignante entrevista con Manuel Martín, portavoz de la Plataforma de Defensa de la Sanidad Pública. En ella revela lo que todos ya sabíamos: la doble dedicación de muchos de nuestros médicos, por la mañana en la Seguridad Social y por la tarde en consulta privada. Este médico afirma que los pacientes que acuden al chiringuito particular que tiene montado el galeno de turno, después son colados en las listas de espera públicas. Y si les regalas un jamón, a ser posible de bellota pues los médicos suelen ser de morro fino, con suerte hasta te hacen un 2x1 quirúrgico. Lagarto, lagarto.

Lo más sorprendente de esta realidad que todos conocemos y hemos sufrido, aunque no aparezca en los telediarios, radica en que esta práctica es ilegal. Pero aquí no pasa nada, y si pasa, se le saluda. Al parecer, cientos de médicos españoles desatienden a diario y premeditadamente sus consultas matinales. Su único objetivo es que todos aquellos bichos raros que quieran dejar de estar enfermos, acaben pasando por su caja, que el fin de año en Baqueira sale por un pico. Y el que no pueda pagárselo que le atienda Vilches, ahora que ha salido de la trena, donde todos estos doctores corruptos deberían estar.

Estamos asistiendo a un progresivo desmantelamiento de nuestra Sanidad Pública, que antaño fue una de las mejores del mundo. De hecho, los nuevos hospitales de la red sanitaria madrileña van a externalizar las pruebas analíticas. Lo que no sabemos es si serán los pacientes quienes deban pasear el botecito por todo Madrid, o ya se encargarán en el hospital de hacérselo llegar al laboratorio. Visto cómo está el patio, no sería de extrañar que acogiéndote a la primera opción te puedan ofrecer número para operarte de varices en el 2010, aunque todavía no las padezcas. Es lo que se podría denominar medicina futurista, pues de tanto paseo con el botecito y tanto esperar de pie, seguro que te acaban saliendo. Y que luego digan algunos agoreros que no progresamos...

Para ahorrar gastos probablemente acaben pidiéndonos que llevemos la orina en una botella de vino, eso sí, de vidrio, que es reciclable. Y que conste que esto último no es fruto de mi imaginación, porque siendo adolescente presencié atónito cómo una enfermera abroncaba a un anciano pobre por ese motivo. Se notaba que el hombre no era usuario de consultas vespertinas, pues tuvo la poca delicadeza de llevar su muestra urinaria en una botella del Tío de la bota. Un paciente con clase lo hubiese hecho en una de Moët Chandon, pero siempre tras habérsela basculado el agradecido especialista de pago a la salud de Hipócrates.