Como decíamos ayer, nos mienten. Nos mienten al asegurarnos que España va bien, que nuestros sueldos son cada vez mejores y que nuestra economía es de Champions League. También cuando afirman que vivimos en un Estado democrático y de derecho, porque ahora podemos votar cada cuatro años y antes no. Un Estado de derecho en el que, mientras los pobres se pudren durante años en la cárcel por haber robado unos euros en una hamburguesería, los ricos salen de la trena a los pocos meses, en cuanto amenazan con tirar de la manta.
Releyendo Un mundo feliz, de Aldous Huxley, descubro entre las últimas líneas del prefacio del autor: “A medida que la libertad política y económica disminuyen, la libertad sexual tiende, en compensación, a aumentar. Y el dictador hará bien en facilitar esta libertad. En colaboración con la libertad de soñar despiertos bajo la influencia de los narcóticos, del cine y de la radio, la libertad sexual ayudará a reconciliar a sus súbditos con la servidumbre que es su destino”. Esta demoledora reflexión la escribió hace más de medio siglo, cuando la televisión apenas era un atisbo de su detritus actual, y restaban varias décadas para la irrupción de Internet o el botellón. Huxley nos anunciaba un futuro que ya ha llegado: un mundo en que el sexo y otros medios embriagadores para nuestros sentidos, son empleados por los resortes del poder para que nos resulte menos doloroso asumir nuestra condición de esclavos.
Antes, éramos tan antiguos que sólo podíamos casarnos los hombres con las mujeres. Ahora, sin embargo, heterosexuales, homosexuales y transexuales podemos exigir la devolución del rosario de mamá, para regocijo de los picapleitos. Además hoy, gracias al divorcio express, todo paria español puede casarse y descasarse cuanto le venga en gana, como si fuera Elizabeth Taylor y estuviésemos en Las Vegas. Y eso sin contar conque ya no nos hace falta irnos a Perpignan para aprender las múltiples utilidades de la mantequilla, pues no sólo servía para reducir el colesterol. Ahora, en nuestra propia casa, podemos montar a golpe de ratón una bacanal a las doce de la mañana.
Con todos estos progresos intentan convencernos de que vivimos en un régimen de libertades, aunque algunos catastrofistas nos negamos a admitirlo. Quizá porque los políticos nos ocultan que los pisos por los que hemos hipotecado a nuestros hijos, no valen ni la mitad de lo que pagamos por ellos; que según la OCDE España es el único país industrializado que ha perdido poder adquisitivo en los últimos años; y que un 70% de nosotros tiene graves problemas para llegar a fin de mes. Catastrofistas que recordamos a un tal Jesucristo, otro visionario anterior a Huxley, quien afirmó “La verdad os hará libres”. Pero no me hagas mucho caso, al menos mientras Gabilondo y Matías nos sigan convenciendo de que vivimos jodidos pero contentos.
miércoles, 26 de septiembre de 2007
Para la libertad
Escrito por
Fernando Solera
en
7:44:00 p. m.
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Etiquetas: actualidad, economia, libertad, politica, sexo
viernes, 22 de junio de 2007
1984
Con veintitrés años de retraso respecto a su título original, pero por fin el Gran Hermano ha llegado oficialmente a nuestras hipotecados hogares. George Orwell escribió hace casi sesenta años una novela de política-ficción, en la que un Estado omnipresente subyuga a sus ciudadanos. En dicha novela apareció la figura del Gran Hermano, el ojo que todo lo ve, que tan vergonzosamente se emplea en las televisiones de medio mundo, para embrutecer más a los súbditos. Una de los hechos principales que se narran en tan colosal novela es la existencia del Ministerio de la Verdad que se dedica, literalmente, a reescribir la historia. No sé si encontraréis alguna similitud con el actual gobierno español. Pero en la magistral novela de Orwell se nos habla de una sociedad que vive en un mundo absolutamente inventado, falso, basado en un lavado de cerebro continuo de la población. En nuestro país ese papel lo viene ejerciendo magníficamente desde la Transición el Grupo Prisa, al frente del cual está el hombre más poderoso de España, Jesús de Polanco, para los enemigos Jesús del Gran Poder. Si la información es poder, él la posee y la maneja a su antojo.
Por otra parte, se ha descubierto fácilmente a través de Internet cómo nos espían desde el cielo. En más de una ocasión se ha visto a una mujer en topless tomando el sol en su ático, segura de que nadie la estaba viendo. Directamente quizá no, pero tenía un público potencia de varios miles de millones de espectadores, ni una final de la Champions, vaya. Y es que mediante la herramienta Google Earth puedes sobrevolar el mundo entero. Dentro de poco sólo nos valdrá vivir en búnkers, pues me imagino que si la población se ha enterado de esto, me imagino que los servicios de inteligencia más importantes del mundo deben de saber hasta la cantidad de veces que se levanta el abuelo a orinar por la noche. Google tiene tantas novias porque es una herramienta poderosísima que conviene controlar. No interesa que el pueblo llano se entere de lo que pretendemos. Es preferible que la plebe siga embrutecida con Belén Esteban y demás despojos del corazón. Ya lo decía el propio Orwell: "La libertad es el derecho a decirle a la gente lo que la gente no quiere oír".
Lo están conseguiendo. Están logrando que sólo se pueda hablar de frivolidades, de naderías. La universidad del pueblo infecta nuestras mentes con programas basura, que sólo sirven para mantener a los monos en la jaula calladitos y sin protestar, que estamos más guapos. Lo único que importa es tener un coche que nos permita irnos de fin de semana a compartir atascos con los demás ciudadanos. Hacer lo mismo que ellos, comer lo mismo que ellos, pensar lo mismo que ellos, leer lo mismo que ellos y ver los mismos programas que ellos. Han conseguido que el ser humano disfrute dentro de la gigantesca jaula que se ha convertido el mundo para los que pensamos que la libertad es algo más que poder cambiar de canal mientras nos venden coches, segundas residencias, y hasta tetas y pollas nuevas. Todo mentira.
Escrito por
Fernando Solera
en
12:59:00 p. m.
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Etiquetas: 1984, Google Earth, intimidad, libertad
