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lunes, 10 de septiembre de 2007

Leer es un placer

Según algunos estudios en España hay más lectoras que lectores, pero los hombres dedican más tiempo que las mujeres a la lectura. La mayoría de nuestros conciudadanos leen porque les gusta, pero también existe una minoría que lee porque no les queda otra, ya que los asaltan a traición con los diarios gratuitos de la mañana. Al menos estos últimos podrían tener la gentileza de poner estos periódicos al derecho, pues quedaría más disimulada su ignorancia y además su vecino de hacinamiento podría leerlo.

El hombre también suele ser de lectura más cómoda que la mujer, pues mientras que ellas leen en los escasos períodos de asueto que les proporciona el día, ellos, sin embargo, cuando se sientan a leer lo hacen a conciencia, aunque se estén quemando los boquerones. Afortunadamente, la reinserción del varón hispánico en nuestra sociedad está permitiendo que se repartan las tareas del hogar, aunque los progresos son todavía lentos. Mientras ella pone una lavadora, ducha a los niños y les repasa la tabla mientras usa la de planchar, el marido lector se agobia leyendo este post-it en la puerta del microondas: “Caliéntalo dos minutos y a comer. Te quiero”. Muchos preferirían que ellas les recitasen su poema favorito, el Te quiero, de Benedetti, mientras les sirven la comida. Y es que desde que se casó está cada día menos romántica, por mucho que lea a Barbara Wood.

Esta clase de lectores se sienten cada vez más aislados e incomprendidos, por eso suelen acabar atrincherándose para leer. Ostentan su reinado de letras rodeados de azulejos, sentados en un trono demasiado humilde para tan sufridas posaderas. De esta manera tienen que despacharse el Marca, el País y hasta el último tocho de Almudena Grandes, pues también leen literatura femenina, para que no digan. Desgraciadamente la paz dura poco en su estrecho feudo, pues primero los niños y luego la mujer aporrean la puerta aduciendo razones mingitorias. El marido lector se resiste esgrimiendo, obviamente, la ley de igualdad de Zapatero que se ha leído esta mañana en el ministerio porque no les funcionaba Internet, pues le permite ocupar el baño el mismo número de horas que su mujer. Si aun así continuase el redoble de nudillos en la puerta, el marido le acabará reprochando que ella se ofrecería a llevarle otro yogur si fuese Coronado y no él quien ocupase el trono. Y la mujer, resignada, le recordará que al menos podría poner el mismo empeño en montar el mueble que compraron hace un mes. Pero es que ella con tanta novela rosa no comprende que el lector de la casa se evade más con el Interviú que descifrando el Código de IKEA.

martes, 4 de septiembre de 2007

Esclavas de la mentira

Ya no vistes la talla 42 de tu esplendor en la hierba, y tus pechos han perdido la firmeza primaveral. Hoy cuentas arrugas contra las que batallas cada madrugón y cada medianoche frente al espejo canalla que te enseña que ya no tienes veinte años. Sin embargo, todavía permanece en el recuerdo tu mocedad de furtivos besos e ingenuas cartas de amor, entonces mejores que las de Neruda. Cada día, en la calle, en el Metro, en el autobús, en la radio del taxi y en la del coche, te recuerdan que tienes varices y retienes líquidos, que has engordado y que, si quieres que tu marido no se vaya con la del tercero, ya puedes ir dejándote la bolsa, y quién sabe si la vida, en el quirófano de una clínica donde plastifican la belleza.

Pero a ti no te hace falta nada de eso. No quieras competir con las adolescentes de píldora del día después y lumbares tatuadas, aunque sería más correcto afirmar que ellas jamás podrán competir contigo. Tú las trajiste al mundo sin epidural y tu juventud fue de en casa a las diez, pero tus amores de verano y de invierno sabían a verdad y pecado, como los buenos. No te eches a perder pretendiendo ser como ellas, aunque tengan el vientre plano y un gancho en el ombligo. No sufras la tortura medieval de la faja electrocutante, el último grito, nunca mejor dicho, de la locura por esta belleza de Photoshop . Es la nueva metáfora del calvario silente que muchas padecéis porque desde niñas os dijeron que para presumir hay que sufrir. ¿Pues sabes lo que te digo? Que achicharren a otra con esos acomplejantes sentimientos de culpa disfrazados de anuncios en búsqueda de la eterna juventud.

Tus arrugas son el libro abierto de tu vida, testimonio de tus risas y tus llantos. Tu cuerpo sigue siendo bello, pues la belleza no entiende de tallas, sino de emociones. Te lo dice un amante de las tallas grandes, pues siempre he entendido que la expresión placer carnal procede decarne, si no se denominaría placer óseo, por ejemplo. Así que no permitas que electrocuten ni tu cuerpo ni tus neuronas, si no quieres terminar como tantas mujeres que han acabado siendo un espejismo de sí mismas. Como la máscara de Jim Carrey, pero con mejor color. Quiérete como eres, pues no necesitas tener el culo de Jennifer López o los labios de Angelina Jolie para estar estupenda. Y si tienes la desgracia de que tu marido te llame gorda, mientras babea con los mulos de las colegialas en su vuelta al cole, te autorizo para que le pongas la faja eléctrica en semejante parte, a ver si así le crecen con el calor.

jueves, 30 de agosto de 2007

La violencia que no cesa

¿Cuántas mujeres han muerto en este 2007 por la violencia de género? Las distintas Administraciones dedican un gran despliegue de medios para intentar acabar con esta lacra, sin embargo las cifras son cada vez más alarmantes. Raro es el día que no hay algún asesinato, pues en los últimos tiempos nos hemos encontrado en muchas ocasiones con tres en sólo veinticuatro horas. ¿Qué está pasando? ¿Por qué no paran de aumentar las cifras cuando las medidas contra los maltratadores son cada vez mayores? ¿Es realmente eficaz la publicidad permanente contra la violencia doméstica?

Para mí, simple ciudadano de a pie, está muy clara la causa por la que se están incrementando espeluznantemente los asesinatos de mujeres: la información continua en prensa, radio y televisión sobre tan peliagudo asunto. Que todos los días, a todas horas, se esté hablando de esta tragedia, es un gravísimo error. Hace poco escribí en otro artículo que en Japón se había prohibido publicar noticias sobre suicidios, por el efecto mimético que acarrea. Ese mimetismo se está produciendo ahora en España con la violencia de género.

Los psicópatas asesinos están viendo diariamente en televisión los crímenes cometidos por degenerados como ellos. Se está dando una pátina de cotidianidad a los asesinatos de mujeres, y tratándose de gente tan pirada es muy peligroso. Veo indispensable que las mujeres estén informadas de sus derechos para no consentir bajo ningún concepto los malos tratos de nadie, eso está claro. Pero insisto, es un gravísimo error la difusión constante de noticias y campañas sobre la violencia doméstica. Hablar de violencia, asesinatos, malos tratos y palizas, sólo acarrea más violencia, asesinatos, malos tratos y palizas. Quizá se entenderá mejor con una anécdota que cuentan de la madre Teresa.

Dicen que una vez la invitaron a una manifestación contra la guerra y ella, sorprendentemente, rechazó acudir. Eso sí, rogó a su interlocutor que la avisara cuando se organizara una a favor de la paz, pues a ésta sí acudiría encantada. La madre Teresa comprendió que si queremos solucionar un problema muy grave, no debemos actuar y hablar contra él, sino siempre a favor de su opuesto. Aplicado al asunto que nos atañe, sería mucho mejor hablar de la igualdad de derechos y el respeto a las mujeres, y dejar de bombardear permanentemente con noticias y campañas publicitarias sobre la violencia de género, pues éstas, a mi juicio, están resultando muy contraproducentes.