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miércoles, 5 de septiembre de 2007

En La Zarzuela usan Ariel

Las pirañas de la casquería televisiva nos informan de que la princesa doña Letizia, al igual que su suegra doña Sofía, repite alguna vez vestuario. Al parecer, la futura reina de España ha sido descubierta en varias ocasiones con el mismo modelo. Para que luego digan los republicanos que nuestra Familia Real no es tan real como la del tercero derecha. Es cierto que la ropa que visten no la suelen comprar en ningún rastrillo, aunque el organizado anualmente por nuestra nobleza suele contar con prendas monísimas, todo sea para ayudar a los pobres. Pero no lo es menos que nuestra realeza, como nosotros, también repite vestuario. Yo, sin ir más lejos, hoy repito camisa, pues ya la llevé la semana pasada. Eso sí, con otros pantalones y otros calzoncillos.

Matizo lo de la ropa interior porque los súbditos ingleses, aunque tengan la monarquía más solemne del mundo, no son tan limpios como nosotros. Y es que al parecer no tienen costumbre de cambiarse regularmente de gayumbos, y eso que allí llueve más. No es de extrañar que la Corona inglesa esté en horas bajas, pues incluso su reina ordena a todo su servicio que sólo tire de la cadena tras haber hecho mayores. Quizá será porque en Madrid le hemos puesto su nombre a nuestro canal, y querrá ahorrar agua para no molestar a nuestra dama de hierro doméstica. Sin embargo, la realeza española es diferente porque, otra cosa no, pero limpios son un rato, aunque nos acusen de oler a ajo.

¿Quién podría sospechar que nuestra Familia Real repite vestuario? Nadie. Y es que en esa casa lavan sus trapos como en ninguna, todo hay que decirlo. Será por eso que nos deslumbran tanto. Y es que mientras en Inglaterra Isabel II aborrecía a Diana de Gales, aquí nuestra reina y Letizia se han hecho íntimas. La gran noticia del verano no podía ser otra que verlas departir juntas en el yate, probablemente sobre lo caro que se va a poner todo por la subida del pienso. Por eso no me extrañaría nada que también hiciesen la colada juntas. ¿Se imaginan a ambas lavando los trapos monárquicos, mientras cantan Ojos verdes o Tatuaje? Los españoles podemos sentirnos muy orgullosos de que sean tan sencillas, a la par que aseadas. Porque una cosa es repetir modelito, quién no lo ha hecho alguna vez, y otra muy distinta ir jediendo a jembra.

martes, 4 de septiembre de 2007

Esclavas de la mentira

Ya no vistes la talla 42 de tu esplendor en la hierba, y tus pechos han perdido la firmeza primaveral. Hoy cuentas arrugas contra las que batallas cada madrugón y cada medianoche frente al espejo canalla que te enseña que ya no tienes veinte años. Sin embargo, todavía permanece en el recuerdo tu mocedad de furtivos besos e ingenuas cartas de amor, entonces mejores que las de Neruda. Cada día, en la calle, en el Metro, en el autobús, en la radio del taxi y en la del coche, te recuerdan que tienes varices y retienes líquidos, que has engordado y que, si quieres que tu marido no se vaya con la del tercero, ya puedes ir dejándote la bolsa, y quién sabe si la vida, en el quirófano de una clínica donde plastifican la belleza.

Pero a ti no te hace falta nada de eso. No quieras competir con las adolescentes de píldora del día después y lumbares tatuadas, aunque sería más correcto afirmar que ellas jamás podrán competir contigo. Tú las trajiste al mundo sin epidural y tu juventud fue de en casa a las diez, pero tus amores de verano y de invierno sabían a verdad y pecado, como los buenos. No te eches a perder pretendiendo ser como ellas, aunque tengan el vientre plano y un gancho en el ombligo. No sufras la tortura medieval de la faja electrocutante, el último grito, nunca mejor dicho, de la locura por esta belleza de Photoshop . Es la nueva metáfora del calvario silente que muchas padecéis porque desde niñas os dijeron que para presumir hay que sufrir. ¿Pues sabes lo que te digo? Que achicharren a otra con esos acomplejantes sentimientos de culpa disfrazados de anuncios en búsqueda de la eterna juventud.

Tus arrugas son el libro abierto de tu vida, testimonio de tus risas y tus llantos. Tu cuerpo sigue siendo bello, pues la belleza no entiende de tallas, sino de emociones. Te lo dice un amante de las tallas grandes, pues siempre he entendido que la expresión placer carnal procede decarne, si no se denominaría placer óseo, por ejemplo. Así que no permitas que electrocuten ni tu cuerpo ni tus neuronas, si no quieres terminar como tantas mujeres que han acabado siendo un espejismo de sí mismas. Como la máscara de Jim Carrey, pero con mejor color. Quiérete como eres, pues no necesitas tener el culo de Jennifer López o los labios de Angelina Jolie para estar estupenda. Y si tienes la desgracia de que tu marido te llame gorda, mientras babea con los mulos de las colegialas en su vuelta al cole, te autorizo para que le pongas la faja eléctrica en semejante parte, a ver si así le crecen con el calor.