Esclavas de la mentira : Verdad, Bondad y Belleza

martes, 4 de septiembre de 2007

Esclavas de la mentira

Ya no vistes la talla 42 de tu esplendor en la hierba, y tus pechos han perdido la firmeza primaveral. Hoy cuentas arrugas contra las que batallas cada madrugón y cada medianoche frente al espejo canalla que te enseña que ya no tienes veinte años. Sin embargo, todavía permanece en el recuerdo tu mocedad de furtivos besos e ingenuas cartas de amor, entonces mejores que las de Neruda. Cada día, en la calle, en el Metro, en el autobús, en la radio del taxi y en la del coche, te recuerdan que tienes varices y retienes líquidos, que has engordado y que, si quieres que tu marido no se vaya con la del tercero, ya puedes ir dejándote la bolsa, y quién sabe si la vida, en el quirófano de una clínica donde plastifican la belleza.

Pero a ti no te hace falta nada de eso. No quieras competir con las adolescentes de píldora del día después y lumbares tatuadas, aunque sería más correcto afirmar que ellas jamás podrán competir contigo. Tú las trajiste al mundo sin epidural y tu juventud fue de en casa a las diez, pero tus amores de verano y de invierno sabían a verdad y pecado, como los buenos. No te eches a perder pretendiendo ser como ellas, aunque tengan el vientre plano y un gancho en el ombligo. No sufras la tortura medieval de la faja electrocutante, el último grito, nunca mejor dicho, de la locura por esta belleza de Photoshop . Es la nueva metáfora del calvario silente que muchas padecéis porque desde niñas os dijeron que para presumir hay que sufrir. ¿Pues sabes lo que te digo? Que achicharren a otra con esos acomplejantes sentimientos de culpa disfrazados de anuncios en búsqueda de la eterna juventud.

Tus arrugas son el libro abierto de tu vida, testimonio de tus risas y tus llantos. Tu cuerpo sigue siendo bello, pues la belleza no entiende de tallas, sino de emociones. Te lo dice un amante de las tallas grandes, pues siempre he entendido que la expresión placer carnal procede decarne, si no se denominaría placer óseo, por ejemplo. Así que no permitas que electrocuten ni tu cuerpo ni tus neuronas, si no quieres terminar como tantas mujeres que han acabado siendo un espejismo de sí mismas. Como la máscara de Jim Carrey, pero con mejor color. Quiérete como eres, pues no necesitas tener el culo de Jennifer López o los labios de Angelina Jolie para estar estupenda. Y si tienes la desgracia de que tu marido te llame gorda, mientras babea con los mulos de las colegialas en su vuelta al cole, te autorizo para que le pongas la faja eléctrica en semejante parte, a ver si así le crecen con el calor.

2 COMENTARIOS:

gutiforever dijo...

Sentado en Puerto Banús este verano,en una terraza cool,pensaba mientras pasaban(posaban/paseaban) una colección de gachís de diverso pelaje(tordas,zahínas,jaboneras)con las vértebras dorsales decoradas con un tatuaje......¿habrán discurrido donde y a que altura estará ese extraño simbolo dentro de unos años?.
¿Y cuando sean madres y que decir abuelas?.
¿Lucirán las lorzas decoradas con orgullo por las arenas de las playas.?.
Ay.

Anónimo dijo...

Precioso tu artículo. Menos mal que todavía quedan hombres que entienden dónde reside la auténtica belleza.

TANA