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miércoles, 27 de junio de 2007

Que viva España

España es el país con la mayor tasa de cocainómanos del mundo, superando a Estados Unidos . Somos el Estado con mayor tasa de divorcios de la Unión Europea, a una media de dieciséis por hora . También somos líderes europeos en operaciones de cirugía estética, con un 8% de las intervenciones que se realizan a nivel mundial. Arsa.

En los tiempos en que Manolo Escobar popularizó la tan patriótica tonadilla que da título a mi estreno en El País, en España fumábamos Celtas, el divorcio gracias al doblaje no existía ni en las películas de Ava Gardner, y en materia de cirugía las parturientas eran atendidas en los pueblos por Dios y el veterinario de la Seguridad Social. Hay que ver cómo hemos progresado. Da gusto ser español.

¿A qué se puede deber que ahora arrasemos en esas tres estadísticas para mayor orgullo patrio? A mi juicio, no puede ser fruto del caprichoso azar que seamos líderes en las tres clasificaciones. Probablemente puedan estar más interrelacionadas de lo que parece. Quizá tras el divorcio uno de los cónyuges se pudo dar a la farlopa, y en plena euforia decidió alargarse el pene o ponerse unas tetas nuevas, indistintamente de su sexo. O todo pudo comenzar con una operación de cirugía estética espectacular, para lograr un miembro de medio metro o unas tetas de metro y medio, que le hizo salirse de la raya entrando en un círculo festero poco recomendable, para acabar con su pareja pidiéndole el divorcio y el rosario de su madre. O quién sabe si fue una inocente dosis, no seas cagao, la causante de que le pusieran las maletas en el portal, vía ventana, tras lo cual decidió cambiar de imagen para que no le reconocieran los grandes hermanos de su vecindario.

¿Dónde quedó esa España, tierra del amor, que nos cantaba Manolo Escobar? ¿En el lavabo de un antro, en un quirófano sin desinfectar ni cirujano titulado, o a la puerta del juzgado donde el año pasado le juraste amor eterno? Ya dijo el Guerra, Alfonso, que no la iba a conocer ni la madre que la parió. Muy pronto los toros pasarán a mejor vida de manera natural, y no como hasta ahora “para morir en la plaza”. Y es que en la España de hoy incluso tenemos sedaciones masivas, aunque todavía no han llegado a los toros, al menos oficialmente.

Avergonzado debo confesar que nunca me he drogado, ni para escribir este artículo,y que lo único que he fumado en mi vida fueron algunas infumables clases de la universidad. Tampoco me he divorciado, porque tras cuatro años y medio sigo enamorado de mi mujer. Y ni siquiera he pasado por el quirófano para instalarme un miembro de última generación. ¿Seré un buen español?

lunes, 18 de junio de 2007

El ruedo catalán

Ayer, la mera presencia de un torero que regresaba a los ruedos tras cinco años, provocó dos llenos: uno, el de la monumental de Barcelona tras más de veinte años; el otro, el de los aledaños de la plaza entre manifestantes y su inseparable policía. Y es que taurinos y antitaurinos se dieron cita para mayor promoción de esa corrida de toros. Corrida en la que, por cierto, José Tomás se llevó tres orejas y abrió la puerta grande. Lo digo por si queda alguien que todavía no se haya enterado, que lo dudo.

Pero lo relevante para un detractor de las corridas de toros como yo, es la politización del movimiento antitaurino en Cataluña. Para mí está fuera de toda duda que la tauromaquia es un espectáculo de inigualable vileza, pues consiste en la vejación de un animal hasta darle muerte, por mucha plasticidad que tenga para sus incondicionales. Pero no es menos cierto que desde que gobierna el tripartito progresista PSC-ERC-IC, los amantes del arte de cuchares son tratados como apestados. Hasta tal punto llega el delirio nacionalista, que pretendieron prohibir, infructuosamente, los souvenirs de toros en las tiendas de Las Ramblas. No vaya a ser que los señores guiris se piensen que somos españoles.

Hoy en Cataluña están de moda Ferrán Adrià y perseguir lo español. Empezaron por el propio idioma, y ahora van a acabar con las corridas de toros. Y hablo de perseguir, porque no se puede calificar de otra forma, tras ver que los espectadores de la corrida de ayer tuvieron que acceder a la plaza gracias a un cordón policial. Desde Madrid, más conocida como la capital del estado español, se intuye sin embargo que buena parte de la sociedad catalana está muy desencantada con su casta política. Basta ver la altísima abstención de su electorado. Pero existe otro porcentaje nada desdeñable de fanáticos, azuzados por mesías liberadores de la oprimida patria catalana. Y ojo, porque estos sujetos ya tienen mucho peligro, mucho más que cien corridas de toros. Son energúmenos que persiguen al español en las aulas, al PP y a Ciudadanos de Cataluña en campaña electoral, y ahora a quienes se declaran taurinos. ¿Cómo pueden tener luego la cara de defender los derechos de los animales, los mismos que persiguen a quienes no piensan como ellos?

En fin, que se empezó por el idioma, el español, multando incluso a quienes osasen rotular sus comercios en tan abyecta lengua, y como por fin lo están exterminando, ahora le toca el turno a las corridas de toros. Y cuando los taurinos acaben renunciando a su derecho a asistir a una corrida, por temor a ser marcados verbalmente o a pedradas, puede que le toque el turno al jamón. ¿Serán capaces, por simple delirio nacionalista, de sustituirlo por el de york en su tradicional pan con tomate? Todo puede ser, pues para su desgracia ayer además ganó la liga el Madrid de Capello quien, por cierto, estaría encantado de llevarse todos los jamones a Italia.