La paloma : Verdad, Bondad y Belleza

jueves, 1 de marzo de 2007

La paloma

Las aves han sido utilizadas muy a menudo en todos los campos literarios, especialmente en la poesía y la música. Cualquiera puede recordar los balcones de las oscuras golondrinas rimadas por Bécquer. Podemos rememorar igualmente la paloma que se equivocaba de Alberti, también hecha canción, como lo es la habanera que te instruye por si a tu ventana llega un ejemplar de esa especie. Y eso por no hablar de la que le cuenta a una amiga que por amor quería ser gavilán, o de la que indujo una depresión equina en “Cucurrucucú, paloma”.

Independientemente del lugar donde vivas, estoy seguro de que habrás podido descubrir muchos balcones floridos. Resulta verdaderamente curioso observar en ellos la cantidad de CDs que cuelgan junto a geranios, petunias, pensamientos y demás macetas que llenan de vida y ornamento las fachadas de cualquier inmueble patrio. Un día me interesé por tan desconcertante costumbre, y me revelaron que se hace con el único fin de espantar a las palomas y evitar así que destrocen las plantas. Aun así, la Sociedad General de Autores Españoles, SGAE, también te cobra un canon por ellos. Me imagino que el sesudo razonamiento se basará en que, si las palomas han servido de inspiración a tantos autores, qué menos que cobrar los derechos de quien ha ingeniado para ahuyentarlas tan vanguardista idea con soporte tecnológico.

Yo propongo desde esta tribuna, movido por un ideal meramente altruista, que a la Sociedad Protectora de Animales se le reembolse el canon que nos cobra la no menos filantrópica SGAE, en compensación por los daños físicos y psicológicos que sufren las palomas debidos a sus CDs. Sin ánimo de ser extenso, quiero citar algunos de los trastornos que han empezado a constatar los veterinarios de la nueva ola: inanición, con su consiguiente pérdida de peso; ansiedad, por el susto al ser deslumbradas; problemas de identidad y depresión, cuando llenas de desolación el espejito-cd les revela cruelmente que no se parecen a Kira Miró. ¿Cómo podemos llegar a ser tan desalmados con unos animales cuyas canciones nos han servido para aliviarnos de un desamor o amenizar la espera en el dentista? Para que luego digan de las corridas de toros.

3 COMENTARIOS:

Tana dijo...

Hacía tiempo que no leía un artículo de opinión tan hilarante. Ciertamente, los sesudos articulistas de bastantes publicaciones nacionales podían tomar nota de cómo, con un tema tan simple, se puede escribir una opinión tan acertada. Mi enhorabuena al autor.

Anónimo dijo...

Mucho inspirarnos en el plano poético y musical, pero luego se nos cagan encima a la mínima de cambio. Y anda que no proliferan por todos los sitios ...

Anónimo dijo...

Si pusieran la música a un precio más barato, todo quisqui podría cooperar un poco a mantener a la gente que vive de eso.