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martes, 3 de julio de 2007

Metafísica para principiantes (capítulo XV): Principio de polaridad

Ánimo, que ya sólo nos quedan éste y tres principios más. Cuando hayamos terminado con las siete leyes universales del Kybalión, podrás considerarte un entendido en metafísica. Al menos ya no te sentirás tan extraño cuando alguien hable de los principios de vibración, correspondencia, mentalismo, etc. Hoy nos toca estudiar la cuarta ley de Hermes: el principio de polaridad. Esta ley se resume así: Todo es doble, todo tiene dos polos”. Si lo piensas fríamente podrás comprobar que es cierto, pues en la naturaleza todo tiene su par de opuestos. Cuando elegimos venir a la Tierra, lo hacemos con la misión de intentar vivir en el punto medio de los dos polos.

El Kybalión afirma que los opuestos son idénticos, pues son iguales en naturaleza: sólo difieren en grados. Por ejemplo, si hablamos de dos personas, una mala y otra buena, en el fondo estamos hablando de lo mismo, pero con distintos grados de manifestación. Igual sucede cuando decimos que es fácil pasar del amor/odio. La diferencia estriba en la graduación del amor. Hagamos lo posible por encontrar la armonía, el punto medio entre los polos, para así comprender la unidad que existe en el Universo. La diferencia que percibimos entre los polos opuestos no es real. Nadie es tan bueno ni tan malo como parece, ni nada es tan bello u horrible como creemos.

Hemos dicho anteriormente que todo tiene su par de opuestos, y es cierto, pero con una excepción: el amor universal. Seguramente tú me dirás ahora que sí existe el opuesto del amor, y se llama odio. Tienes razón, pero en este caso tú te estás refiriendo al amor romántico, si me permites que lo llame así. Pero el Amor con mayúsculas, el verdadero e incondicional, no tiene opuestos. Si lo tiene ya no es Amor. Cuando uno dice que ama pero lo hace con condiciones, exigiendo contrapartidas, eso no es amor auténtico. Será otra cosa, pero en ningún caso Amor.

En nuestro universo todo tiene un movimiento circular cíclico. Por eso si hoy estás viviendo una situación extrema que te desagrada y te causa dolor, es decir, si estás ubicado en uno de los polos y decides revertir dicha situación, lo primero que tendrás que hacer será crear la energía de la polaridad opuesta. Por ejemplo, igual que el calor neutraliza el frío, el amor hace lo propio con el odio.

Uno de nuestros objetivos en el viaje terrenal debe ser dejar de percibir los opuestos, pues como he dicho anteriormente, son pura ilusión. Debemos de suprimir de nuestra mente la idea de las polaridades y así lograr lo que se denomina armonización de los opuestos. Otra cosa que debemos de aprender mediante el principio de polaridad es que nadie está en posesión de la verdad absoluta. Todos tenemos nuestra cuota de verdad pues la verdad, como dijo Aristóteles de la virtud, se encuentra en el término medio. El fanatismo, el radicalismo, el extremismo, siempre van a impedir nuestra evolución espiritual.

Y si hablamos del tiempo, la aplicación correcta del principio de polaridad nos ayudará a vivir el momento presente, que en realidad es el único que existe. La inmensa mayoría de nosotros vivimos en el pasado contaminando así nuestro futuro. Sin embargo, un metafísico genuino vive en el futuro y lo trae al presente, pues se concentra en lo que desea lograr como si ya fuera una realidad ahora mismo. Por tanto debemos vivir siempre en el presente, sí, pero concentrados en nuestras metas para atraerlas energéticamente y así hacerlas realidad.

martes, 26 de junio de 2007

Metafísica para principiantes (XIV): Principio de vibración

La tercera ley universal que nos enseñó Hermes en el Kybalión dice: “Nada está inmóvil, todo se mueve, todo vibra”. Vamos a estudiar que todo lo que existe en el Universo está cambiando permanentemente. Todo, tanto las personas como el resto de seres vivos, se encuentran en una continua transformación. Pero también los objetos inanimados están siempre vibrando, aunque el ojo humano sea incapaz de percibirlo. Este tercer principio universal nos invita a practicar el desapego del que tanto habla el budismo, pues sufrimos única y exclusivamente por nuestros apegos, por no asumir que todo cambia y que nada en nuestra vida es para siempre.

La física demostró que cada objeto está compuesto por miles de millones de átomos. Estos átomos tienen electrones que giran alrededor del núcleo atómico. Podemos decir que cuando la vibración es muy baja la materia está en reposo, pero en realidad esta afirmación no es cierta, porque en realidad está vibrando permanentemente. Por ejemplo, el monitor que tienes ante ti está moviéndose ahora mismo, pero la vibración es muy baja y por eso tu ojo no lo percibe. Y cuando la vibración es muy alta entramos en el terreno del espíritu. Si ésta se produce a una frecuencia altísima, tenemos la impresión de que no hay movimiento, cuando realmente sí lo hay. Leí una vez un ejemplo práctico que permitirá que lo entendamos mucho mejor. Imaginemos las paletas de un ventilador. Cuando está desconectado podemos percibirlas perfectamente, pero a altas velocidades desaparecen para nuestros ojos: exactamente lo mismo sucede a nivel vibracional con las frecuencias más altas.

Nuestro cuerpo está permanentemente intercambiando átomos con nuestro entorno, por ejemplo, al respirar. Pero también, cuando ingresamos en cualquier lugar, intercambiamos energías. Lugares como el mar, los bosques, los lagos, nos cargan con una energía muy positiva, mientras que los atestados de gente, muy polucionados y turbulentos, contaminan nuestra energía. ¿Por qué si no decimos a menudo que tal lugar nos da buenas o malas vibraciones? Pues porque en realidad es así.

La ciencia ha descubierto recientemente que nuestro cuerpo está pensado para regenerarse y, teóricamente, jamás envejecer. ¿Por qué envejecemos entonces?: porque hemos asumido que tiene que ser así. Si asumimos que a los cuarenta comienza el declive físico, nuestra mente dará esa orden al cuerpo y éste obedecerá a nivel celular. De ahí que las personas optimistas y joviales siempre tengan mejor aspecto y salud que los cascarrabias patológicos o los temerosos crónicos. Si quieres elevar tu vibración personal y por tanto mejorar tu salud tienes que cuidar sobremanera tres aspectos: tus palabras, tus creencias y tus sentimientos. Otra forma de mejorarla es practicando el silencio. El estado de contemplación que se alcanza en silencio eleva nuestra energía a niveles muy altos. Pero sin duda el sentimiento que más logra elevar nuestras vibraciones es el amor. Tu salud, incluso a nivel celular, depende también de ti mismo.

martes, 19 de junio de 2007

Metafísica para principiantes (XIII): Principio de correspondencia

El pasado martes hablamos de la primera de las leyes universales, la del mentalismo. Con esa ley aprendimos la importancia de cambiar de creencias, básicamente mediante la palabra, la imagen y la sensación. Constatamos que el cambio de creencias acaba provocando un cambio en tu vida. El segundo principio universal que nos enseñó Hermes en el Kybalión es el principio de correspondencia. Hoy vamos a continuar con esta segunda ley, que tiene como lema “Como arriba es abajo, como abajo es arriba”. También se podría decir “Como adentro es afuera, como afuera es adentro”. Este principio viene a revelarnos que todo está relacionado, y si lo comprendemos bien hallaremos la llave para evitar seguir atrayendo a la misma clase de personas, el mismo tipo de situaciones, experiencias, etc.

En el Universo todo se corresponde entre sí. Todo. Como ya hemos aprendido en capítulos anteriores de esta serie titulada Metafísica para principiantes, todos nosotros estamos interconectados con todo cuanto nos rodea. De hecho, una de las enseñanzas de este segundo principio o ley, es que las experiencias buenas que tenemos se corresponden con nuestras mejores pautas mentales. Las malas, en cambio, se corresponden con nuestras creencias más negativas. Veamos un par de ejemplos a continuación, uno sobre el amor y otro sobre el trabajo, para comprender mejor esta segunda ley del Kybalión.

Hay mucha gente desafortunada en el amor. Sus relaciones terminan antes de haber comenzado. Van de fracaso en fracaso, y en ocasiones acaban necesitando agacharse para pasar por las puertas. Y en el terreno laboral, quién no ha sufrido a un jefe inepto, inútil como un mechero sin gas. Jefes, además, con los que hemos tenido enfrentamientos durísimos. Son personas que tienen la peculiar virtud de sacar lo peor de nosotros mismos. Tanto en el ejemplo sentimental como en el laboral, nosotros somos los responsables de esas experiencias. Sí, lo somos, aunque nos hayamos pasado la vida culpando al otro de nuestros fracasos de pareja, asumiendo el papel de víctimas; e igualmente se podría decir de los conflictos laborales, en los que siempre hemos acabado echándole la culpa al monolito a la incompetencia que tenemos por jefe. Si seguimos actuando así nos estaremos equivocando, demostrando a su vez que se nos resiste el principio de la correspondencia.

Nosotros somos los responsables de nuestras vidas. Y cuanto antes lo asumamos, mejor. Si sufrimos una y otra vez experiencias que nos desesperan, lo primero que debemos hacer es reflexionar. Nada sucede por casualidad. Debemos descubrir los patrones mentales que provocan que siempre acabemos viviendo las mismas situaciones. Volviendo al ejemplo de la parcela sentimental, si una persona fracasa sistemáticamente en el amor, seguramente es porque tiene una autoestima muy baja. Si se quiere muy poco a sí misma, ¿cómo puede pretender que los demás la quieran? Si empieza a quererse, a respetarse, a cuidarse como es debido, el Universo le corresponderá. Recuerda que somos los responsables de lo que nos ocurre, como te intenta explicar este principio de correspondencia. Así que deja ya de culpar a los demás o a la mala suerte.

martes, 12 de junio de 2007

Metafísica para principiantes (XII): Principio del mentalismo

Este primer principio o ley universal de que nos habla el Kybalión, nos dice que aquello que todas las religiones llaman Dios, en verdad es sólo Mente. Hermes nos reveló que vivimos en un Universo mental. Todo y todos estamos interconectados por esa gran mente universal, formando parte de ella. Si se dice que el ser humano está hecho a imagen y semejanza de Dios, es porque nosotros podemos conseguir cualquier cosa que nos propongamos, siempre que creamos firmemente en ello. Todas nuestras experiencias, las buenas y las malas, dependen directamente de nuestras creencias.

Con esto no quiero decir que tú deseases tener ese accidente de tráfico, suspender esa asignatura o acabar todas tus relaciones con una poderosa cornamenta. Es evidente que a todo el mundo le gustaría tener una vida feliz, y a ti también. Pero muchas veces no somos conscientes de que nuestras creencias influyen decisivamente en nuestras vidas. Si eres una persona catastrofista, tienes la autoestima por los suelos o piensas que no mereces ser amado, tendrás experiencias que reforzarán esas creencias, y así entrarás en un trágico círculo vicioso. Por ello, y debido a que la primera ley del Kybalión nos descubre que vivimos en un Universo mental, nuestra primera gran meta debe ser controlar nuestros pensamientos. Convendrás conmigo sin necesidad de que seamos psiquiatras, metafísicos, filósofos, psicólogos, médicos o físicos cuánticos, que una persona mentalmente inestable jamás podrá disfrutar de la vida. Lo deseable sería que todos fuésemos capaces de controlar nuestra mente, y no al revés, pero desgraciadamente la inmensa mayoría de nosotros no acabamos de lograrlo.

Por eso somos tan infelices. Por eso el 99,999999% de la población mundial es tan desdichada. Nuestras mentes se han apoderado de nosotros, somos incapaces de controlarlas. Somos simples marionetas de unos ventrílocuos que no paran de parlotear dentro de nuestras cabezas. Mientras no logremos dominar nuestras mentes, no podremos convertirnos en los creadores conscientes de nuestras vidas, o sea, ser auténticos alquimistas. A continuación te voy a proponer el siguiente experimento: intenta estar un minuto sin pensar, con la mente desconectada. Sólo te pido eso. Con toda probabilidad, podrás comprobar que eres incapaz de lograr el reto que te planteo. Y lo peor de todo es que la inmensa mayoría de los 60.000 pensamientos que se agolpan diariamente en nuestras cabezas son negativos.

Pero ahora que sabemos que nuestro Universo es mental, podemos mejorar nuestras vidas. Para ello tendremos que comenzar por crear nuevos hábitos de pensamiento, lo cual no es moco de pavo. Si toda tu vida has sido una persona pesimista, necesitarás una extraordinaria fuerza de voluntad para revertir la situación y sustituir los pensamientos negativos por positivos. Pero si lo deseas vehementemente te garantizo que terminarás lográndolo. Al principio recaerás, tendrás una tendencia natural a dejarte llevar, como todos, por las creencias derrotistas que hemos asimilado durante toda nuestra vida. Pero si tienes la inmensa paciencia de sembrar en tu mente creencias positivas, el Universo acabará dando fiel respuesta a dichas creencias. Siempre fue así, y así seguirá siendo por toda la eternidad.

martes, 5 de junio de 2007

Metafísica para principiantes (XI): El Kybalión

Siguiendo con nuestros estudios metafísicos, hoy vamos a hablar de la obra cumbre universal de esta materia. El libro que empezaremos a estudiar a continuación fijó las bases de la metafísica hasta tal punto, que actualmente sigue siendo su referencia indiscutible. Me estoy refiriendo al Kybalión, cuyo autor es Hermes Trimegisto. Este hombre está considerado uno de los mayores sabios de todos los tiempos, pues además de escribir los siete principios universales (conocidos como el Kybalión), se dice que fue el padre de la alquimia y de la astrología. Materia esta última que, por cierto, y aunque muchos se la toman a guasa debido al intrusismo de tanto jeta desaprensivo, es mucho más seria e influyente de lo que nos han hecho creer.

Aunque muchos piensen que los alquimistas eran personas que transformaban vulgares metales en oro, la realidad es que la alquimia consiste en una transformación, sí, pero de tipo mental. La verdadera alquimia lo que persigue es que tú, amigo lector, cambies tu mentalidad. Persigue una transformación de tus creencias, de tal forma que te conviertas, metafóricamente, en una persona de oro. La piedra filosofal que se decía que permitía transformar los metales en oro, no es más que un símbolo para representar la metamorfosis de persona común en persona de oro. El conocimiento de las Leyes del Universo que nos descubrió Hermes en su Kybalión, te abrirá las puertas a una vida infinitamente mejor que la que has llevado hasta ahora.

Supongo que conocerás sobradamente la palabra hermético y su significado. Pues bien, el origen de dicho vocablo lo hallamos precisamente en el padre de la metafísica, Hermes. Las enseñanzas que vamos a ir desgranando en las próximas entregas de Metafísica para principiantes, se dice que fueron herméticamente guardadas, con un celo extremado, para que sólo unos pocos elegidos las conocieran. Finalmente fueron tres iniciados quienes pusieron en negro sobre blanco las siete leyes universales aunque, insisto, su auténtico autor es Hermes Trimegisto, por si la SGAE.

Los siete principios universales de que habla el Kybalión son:

1.- Principio del mentalismo

2.- Principio de correspondencia

3.- Principio de vibración

4.- Principio de polaridad

5.- Principio de ritmo

6.- Principio de causa y efecto

7.- Principio de generación

Si logras poner en práctica estos siete principios universales que vamos a estudiar en las próximas semanas, tu vida experimentará un cambio tan radical, que ya querría Teresa Viejo. El único pero gran obstáculo para alcanzar el éxito metafísico, y por tanto en nuestras vidas, es la impaciencia. Debemos de ser constantes y obrar con fe; sólo de esa forma podremos disfrutar de una transmutación asombrosa. Aprenderemos a ser los creadores de nuestras propias vidas. Como dice Joe Vitale en El Secreto, nosotros somos como Miguel Ángel y nuestras vidas son el David que tenemos que esculpir. ¿Te subes a este barco que está a punto de zarpar, o prefieres seguir malviviendo en la más profunda ignorancia?