Si yo tuviera el corazón : Verdad, Bondad y Belleza

viernes, 18 de mayo de 2007

Si yo tuviera el corazón

No sé si habrá algún estilo musical con la belleza del tango para conjugar el dolor y la melancolía, el arrebato y la nostalgia. Hasta los desmoronados muros de la patria de Quevedo y nuestra, nos conmoverían todavía más cantados con música de Mariano Mores u Homero Manzi. Sin duda la historia de nuestro país hubiese servido de inagotable fuente de inspiración para todos aquellos artistas porteños, cuyas historias de tres minutos nos han consolado a tantas almas en desamor, a un lado y otro del Atlántico.

Si yo tuviera el corazón, como Carlos Gardel cantaba en Uno, despertaría el espíritu dormido de mi gente, para luchar por ideales que quizá nunca fueron ni serán realidad, pero por los que merecería la pena seguir intentándolo; sacaría a los políticos de sus mundos de moquetas, coches oficiales y secretarias para todo, y los llevaría a un bar, a un mercado, a una oficina del INEM y a la calle del pecado de su ciudad; cuidaría a nuestra única esperanza, los niños, y los educaría para ser ciudadanos libres porque piensen por sí mismos, y no porque los forme el régimen de turno según su ideario político.

Si yo tuviera el corazón, aboliría las prejubilaciones que prometen cobrar sin currar, causando muchas depresiones y muertes que no salen en los telediarios; vigilaría la programación televisiva, tanto el horario infantil como el adulto, pues tan perniciosa es Belén Esteban para un niño como Pepiño Blanco para un adulto; impartiría clases de lengua a los periodistas deportivos, y también al resto, para que dejasen de una vez de preveer, y también de cultura general, para que no confundiesen el talón de Aquiles con el caballo de Troya.

Si yo tuviera el corazón, promovería un urbanismo que fuera sostenible para lograr ciudades habitables, y no un burdo medio de forrarse a costa de la especulación con un suelo sobre el que nuestra historia ya ha derramado demasiadas sangres y lágrimas; apostaría por las zonas verdes para que los niños tengan donde jugar con sus abuelos, y no por los campos de golf para que jueguen los jerifaltes del Monopoly con sus vasallos; y pactaría con cualquier partido político que defendiese como valores innegociables la libertad y la vida, y no con el diablo disfrazado de organización terrorista, para justificar una tramposa paz.

Esta España vencida de traición da para uno o miles de tangos que no soy capaz de escribir, pues el corazón ya lo perdí en este arrabal nuestro de miseria moral y contrato basura. Pero nunca dejaré de aferrarme a la esperanza de que otra generación futura pueda devolvernos la belleza perdida. Ojalá ellos sí puedan escribir maravillosas historias con finales un poco más felices.

3 COMENTARIOS:

Anónimo dijo...

Una pregunta: ¿por qué no envías este artículo a Pazatero y su santo partido? Creo que deberían aplicarse un poco a lo que en él sugieres.
Saludos

Vicente dijo...

El mal siempre viene de muy antiguo y queda la opción individual de hacer el menos posible.
Saludos

Anónimo dijo...

Cantar las miserias del mundo es bueno, pero lo es más actuar. Y con un buen tenedor. TANA